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SOBRE EL SACRIFICIO

 (Por ARVIND RAMANUJAM, Trabajador de la Oficina Editorial de la ST, Adyar. También es Secretario de la Federación Teosófica de Madrás y Secretario de Actas de la OTS en la Región de Chennai en India)

 

”Cuanto hagas, cuanto comas, cuanto ofrendes, cuanto des, cuanto realices austeramente, ¡oh Kaunteya!, hazlo como una ofrenda hacia Mí”.

 “Así te librarás de los lazos de la acción, que dan frutos buenos y malos; armonizado mediante el yoga del renunciamiento, vendrás a Mí cuando te liberes”.

 Bhagavadgita, IX, 27-28

 

Introducción

La antigua tradición hindú del sacrificio (yajña) está diseminada y tiene su correspondencia en otras religiones principales tales como el Cristianismo, Islamismo, Zoroastrismo, y culturas y civilizaciones como la hebrea, griega, romana, azteca y el pueblo yoruba. Tal práctica de prevalencia universal que ha continuado desde tiempos antiguos podría ser de interés para los teósofos, quienes exploran la base común de las religiones del mundo.

 

Los Puranas (textos mitológicos, históricos y sagrados de los hindúes), y las Tres Proposiciones Fundamentales de La Doctrina Secreta de Madame H. P. Blavatsky, hablan acerca de la manifestación y desaparición cíclica, incesante y alegre de innumerables universos desde el Ser Cósmico, quien está más allá de definición y representación, y es idéntico a las almas en el obligatorio peregrinaje a través de la reencarnación de acuerdo a su karma. El Purusha Sukta es un himno importante del Rig-veda dedicado a Purusha, el Ser Cósmico, cuyo auto-sacrificio como un acto de amor se afirma que es la fuente primordial de toda existencia. La Ley de Sacrificio de C. Jinarajadasa y C. W. Leadbeater explican el significado del sacrifico primordial del Ser Cósmico y la necesidad de que las sucesivas generaciones lo repitan.

 

El sacrificio como deber

La energía de los alimentos digeridos impulsa invariablemente a una persona al karma (acción). (¡Un padre que cuida a su hijo deseoso de explorar comprobará este hecho!) Una acción, si se realiza con un motivo egoísta o sin tener en cuenta el daño que causará a otros, conduce a una onda de alteración, distorsión y desequilibrio que viaja por todas partes y finalmente regresa reuniendo en su huella todas las fuerzas negativas similares para infligir dolor multiplicado. Para impedir una reacción así, uno puede practicar el karma yoga (unión a través de la acción). Una persona emplea todas sus facultades, como el cuerpo físico, palabra, mente, sentidos, intelecto y tendencias innatas naturales, en el servicio del Ser Supremo sin ningún motivo egoísta. En una rápida mirada esto parece contraproducente, ya que hay muy poco incentivo, si es que hay alguno, para trabajar, y existe la posibilidad de perderse uno mismo (incluso la muerte). Pero cualquier beneficio que corresponde al Ser Supremo también beneficia a todos los individuos, puesto que son parte y fracciones suyas.

 

Cuando uno toma por igual el placer y el dolor, la victoria y la derrota, ganancias y pérdidas, otros no se sienten afectados ni se ofenden como para vengarse. Mientras el karma yoga es difícil, indirecto y consume tiempo, no hay pérdida de esfuerzos en esto, y el ciclo vicioso de pecado y sufrimiento se transforma en un ciclo virtuoso de mérito y tranquilidad, desprovisto de grandes preocupaciones, tensión y temor. Cuando existe una exactitud de propósito hay una concentrada inversión de la atención, recursos y tiempo, que contribuyen a una mejor eficiencia y efectividad en producir un resultado que soporta la prueba del tiempo. Ya que el éxito y el fracaso cesan de incomodar al actor debido a la ausencia de un interés personal en el resultado, los impedimentos y trampas psicológicos contraproducentes desaparecen y conducen a habilidades en la acción. Cuando se hace así como una actividad autotélica (teniendo un propósito en sí misma) uno entra en la zona del más elevado desempeño y del más suave flujo de trabajo.

 

El sacrificio en el consumo de alimentos

El alimento es necesario no solo para mantenerse sino también para alcanzar la Meta Suprema. Del alimento uno obtiene la energía para concentrarse y estar firme en la Divinidad, desarrollar y practicar habilidades, ganar conocimiento y sabiduría, y ser tolerante y compasivo con los demás. Así, mantener la vida a través del alimento es lo correcto (dharma). Sin embargo, también es verdad que el alimento consumido por los humanos puede ser obtenido solamente por la pérdida de vida de otros seres sensibles, lo que es incorrecto (adharma). Este es un problema que debe ser resuelto.

 

También, el alimento que se ha obtenido por tal violencia (himsa) no conduce al bienestar puesto que está mezclado con las tendencias del ser muerto. Si se consume este alimento, tales tendencias se transferirán a los consumidores y serán heredadas por ellos al llegar a ser parte de su naturaleza y su ser. Entonces estos se convierten en obstáculos para la dichosa experiencia del Ser Supremo, el sumo bien de la vida.

 

A fin de resolver este problema y dilema, los antiguos hindúes comenzaron practicando el ritual de ofrecer alimento a la Divinidad (naivedya) como un recordatorio simbólico del sacrificio. El alimento, junto con todo nuestro propio yo, es consagrado al Ser Supremo, quien es la suma total de todos los seres individuales, y es tanto el consumidor como lo consumido. La impureza que está concentrada en el ser limitado se disuelve, neutraliza y santifica en el vasto e ilimitado Ser. Solamente se obtiene, consagra, distribuye, comparte y consume, la cantidad requerida de alimento que es conveniente para el alma en el peregrinaje espiritual, para impedir o minimizar el daño a toda criatura, tanto como sea posible. De esta manera, lo que era alimento común y corriente se convierte en alimento bendito (prasada)que es apto para el consumo humano.

 

El sacrificio como ofrenda

Para que existan las criaturas es necesario el alimento. Las condiciones adecuadas del clima, tales como la disponibilidad de agua, luz solar, etc., en el momento y lugar correcto y en su adecuada cantidad, son necesarios para que prosperen los reinos vegetal y animal, que forman el alimento base de todos los seres sensibles. La madre Naturaleza (prakrti) tiene que ser predecible, constante y estacional para el cultivo de vegetales y la crianza de animales. La Naturaleza en sí misma es bella, nutritiva y comprensible, pero si se la explota, se vuelve fea, indiferente e impredecible. Cuando los seres humanos están en el sendero de la apropiación egoísta de recursos naturales sin prestar atención a la rueda giratoria de las acciones y reacciones interdependientes, engañados por la tentación de la gigantesca maquinaria ilusoria llamada mâyâ, sus esfuerzos no producen resultados favorables y sostenibles a largo plazo y sus vidas son en vano. Para propiciar y complacer a la Naturaleza y al Espíritu velado tras ella, que es un todo interconectado de seres sensibles y no sensibles, se impone una ofrenda apropiada, seria y dedicada de nuestras posesiones, esta es la idea detrás del ritual del sacrificio. Si los humanos aprecian el medio ambiente que los rodea, respetando la vida aún en una brizna de pasto, ellos pueden compartir legítimamente lo que necesitan de la abundancia que la Naturaleza pone a su disposición.

 

Si creemos en la evolución de los seres desde las formas inferiores de existencia, o en el regreso de los ángeles caídos a la Deidad, nuestras necesidades y deficiencias necesitan el abandono de un aspecto de nuestros yoes para obtener otro que sea más valioso. Esto puede lograrse por medio del sacrificio, no como un trueque sino como una dádiva de gratitud, a esas entidades que dan bendiciones en intercambio por ofrendas apropiadas.  De acuerdo a las escrituras hindúes, un humano está en deuda con los dioses, maestros, antepasados, humanidad y otras criaturas, quienes están a su vez en deuda con el Ser Cósmico. Uno puede sacrificarse por ellos no solamente para eliminar la deuda, sino también para recibir ayuda adicional en el progreso hacia la perfección o salvación del Yo.

 

El sacrificio a través de la caridad

Hay un adagio: “Alimenta a un hombre con un pez y él comerá por un día, enseña a un hombre a pescar y él comerá por el resto de su vida”. A esto se le puede agregar: “Instruye a un hombre acerca del Yo  dentro del pez y no tendrá hambre nunca más”.

 

El sacrificio por medio de la austeridad

Seguimos a la caza de un tesoro derrochando gran riqueza, solo para descubrir que el tesoro siempre estuvo en casa. Intentar poseer para uno mismo todos los recursos naturales no es solamente imposible sino también lleva a crisis, conflictos, catástrofes y calamidades indeseables. Todas las manifestaciones en el universo están siempre cambiando y son transitorias. Si miramos a nuestro alrededor, observaremos que casi ninguna de ellas existía hace cien años, y casi todas ellas habrán desaparecido en otros cien años. Intentar poseer a alguien o cualquier cosa es como retener agua con un puño cerrado, el agua invariablemente se escapará de la mano, y así también todo lo demás.

 

Podemos creer que el diamante en nuestra alhaja es eterno, tal como se publicita, pero está cambiando a grafito en una transformación espontánea, extremadamente lenta, prácticamente indetectable. Podemos pensar que el árbol fuera de nuestra casa está inactivo, pero también está atravesando el repetido ciclo de nacimiento, enfermedad, vejez y muerte. Mientras puede haber una permanencia inalterada en el plano espiritual, los videntes han reconocido que no puede ser así en el plano material. Acumular recursos naturales obstruye su utilidad para otros. La limitación de su libre flujo resulta en estancamiento en lugar de progreso, desvalorización y ruinosa descomposición. Uno puede manejar, usar y canalizar tanto como sea necesario para propósitos constructivos, pero si uno quiere poseerlos como propiedad, el precio que debemos pagar por esto es paz mental y la real alegría de vivir. Renunciar a ellos tiene su propia ventaja: la naturaleza eterna del alma es tal que ella no depende de una persona o cosa para ser, y es pura y perfecta cuando se desvincula de los apegos materiales. Uno puede desprenderse e incluso sentirse bien observando lo indeseable, dejando el sistema uno por uno, día por día. El auto-control en el pensamiento, palabra y acción no solamente purifica a una persona sino también conduce a la perfección. El contento conduce a la paz y felicidad duraderas.

 

Conclusión

Como es frecuente el caso, con el paso del tiempo la idea esotérica y la práctica exotérica de yajña es cambiada de la intención original, para volverse errónea, mecánica y grotesca. En la religión hindú en la cual ahimsa (no violencia) se considera como el mayor dharma, lo que comenzó como un mecanismo ideal para satisfacer nuestras necesidades básicas sin dañar a otros o lastimándolos lo menos posible, se convirtió en una creencia y práctica insensible, cruel y supersticiosa, en las que las criaturas eran masacradas en grandes cantidades y se las dejaba morir y descomponer; más extrañamente aún, se incluían humanos como objetos de sacrificio. Los hindúes han rectificado en gran medida el error haciendo sacrificios alegóricos, pero todavía no hay una respuesta convincente sobre por qué ofrecen al fuego sagrado o al ídolo de una deidad, grandes cantidades de costosas telas y alimentos que podrían ser usados para alimentar a personas vivas que están bajo la línea de pobreza.

 

Una comprensión espiritual de la dinámica detrás de la interacción humano-ambiental como una relación dar-y-tomar puede solucionar el problema del cambio climático que en la actualidad ha llegado a ser una importante preocupación, debate y discusión actual en el mundo. Para responder una famosa pregunta de la ciencia:” ¿El batir de las alas de una mariposa en Brasil provoca un tornado en Texas?” Sí, en el sentido que, la vibración del temor que una mariposa puede experimentar debido a la deliberada destrucción de su hábitat natural puede impulsarla a batir sus alas, la que es una perturbación que  se mueve en el espacio y el tiempo. Hoy, las personas luchan por su parte de recursos naturales, pero esto no aborda la raíz del problema: la irresponsable explotación de la Naturaleza.

 

Hay una interesante historia del Budismo Zen. Un monje errante llegó a una aldea que había sido golpeada por una sequía y encontró a los aldeanos agitados e indefensos. Cuando los aldeanos le pidieron una solución, él les preguntó acerca de un lugar donde pudiera sentarse a meditar. Los aldeanos gustosamente le indicaron un sitio y él se sentó a meditar. Pronto el clima cambió y hubo un aguacero. Los aldeanos estaban rebosantes de alegría y le preguntaron al monje acerca de su poder oculto. El monje explicó, “Cuando llegué a su aldea, no solo observé que no había habido lluvia estacional sino también que ustedes no estaban en armonía consigo mismos y con los demás. Así, me senté para tranquilizarme y cuando estuve en paz conmigo mismo, el ambiente que me rodeaba también se serenó y llovió como debería haberlo hecho”.

 

La sociedad, así como el individuo se beneficiarán si la producción, consumo, servicio, caridad y austeridad, se implementan de una manera responsable con una correcta comprensión de yajña, es decir, sacrificio.  Seamos todos una ofrenda para la Divinidad (Sarvam brahmarpanam astu).

   

NOTICIAS  

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FRATERNALMENTE, TE INVITAMOS A PARTICIPAR DE LOS ESTUDIOS TEOSÓFICOS, QUE VERSAN SOBRE LA "SABIDURÍA ANTIGUA" GUIÁNDONOS AL CONOCIMIENTO Y LA COMPRENSIÓN DEL MISTERIO QUE RODEA A LA VIDA.

REUNIONES: OCTUBRE 2017.

SÁBADOS: 7,14, 21 Y 28.

HORA: 2:30 A 5:00  P.M. 

   *AMPLIO PARQUEO.

   

JUNTA DIRECTIVA 2016-2018  

PRESIDENTE:

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