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FRATERNIDAD UNIVERSAL:

¿HECHO O FICCIÓN?

Condensado de The Theosophical Movement (abril de 2002)

Extraído de: Theosophical Digest No. 75 del 2007

El mundo está enfermo por la guerra y desea paz; sin embargo, las guerras y las preparaciones para la guerra continúan. La gente quiere acabar con la enemistad y abrir paso a una era de amistad, a pesar de que la rivalidad y el odio perpetúan sentimientos fuertes que separan a los hombres unos de otros. Muchos creen y hablan sobre la Fraternidad, pero vemos por doquier el fracaso de la unidad y la armonía.

¿Cuáles son los obstáculos que tenemos que superar? ¿Cuáles las dificultades que debemos evitar si deseamos ser fraternales con los otros, si deseamos que nuestra comunidad y nuestra nación vivan en unidad y armonía con otras personas y otros países?

Raza: en primer lugar, está el concepto de raza. En cada continente, de una forma u otra, existe este problema que es causado por el espíritu de arrogancia: las personas de raza blanca se creen superiores a las personas de color. No obstante, no hay justificación para eso.

Religión: a continuación, está la reja erigida por el concepto de credo y religión. Las religiones dividen a los hombres como quizás ninguna otra cosa lo haya hecho.

Casta: en tercer lugar, se encuentra la existencia de castas y clases como obstáculo para la Fraternidad. Los indios lo sufren de forma más atroz. En occidente este obstáculo para la Fraternidad universal toma otras formas.

Sexo: finalmente, está el obstáculo que erige el sexo. El movimiento feminista es ahora un movimiento mundial. La lucha de las mujeres en contra de la opresión y la tiranía de la dominación masculina, si bien es justificable, han levantado nuevos problemas para todo el orden social que necesita ser reordenado.

Estos cuatro elementos—raza, credo, casta y sexo—ofrecen serios obstáculos a la aparición de un Estado Mundial, a la construcción de un Orden Internacional, a la práctica de una fraternidad universal. ¿Deberíamos, entonces, abandonar toda esperanza de realizar la fraternidad universal? De ninguna manera. El principio que hay que entender es el de la unidad en la diversidad: la diversidad no es enemiga de la Fraternidad; nuestra comprensión humana, o más bien incomprensión de lo que significan fraternidad, armonía y unidad, es una falla.

Cómo vivir. Así que una cuestión práctica nos confronta: ¿Cómo deberíamos comenzar a vivir la vida de la fraternidad? ¿Existen principios fundamentales que ofrece la Teosofía para que los utilicemos y nos guiemos? ¿Si se está preparado y determinado a practicar la fraternidad universal, cómo deberíamos comenzar? Hay que garantizar que se está determinado a cooperar con los otros y no solamente demandar dicha cooperación de los otros, pero ¿cómo comenzar?

La Teosofía le dice al individuo: comienza contigo mismo. Como punto de partida está reconocer que ambas clases de personas, el malhechor y el sectario, son tus hermanos, aunque sus caminos no son tus caminos, su actitud no es tu actitud. Cada uno de nosotros tiene sus propias debilidades morales, sus propias deficiencias mentales. A medida que nos purificamos, hacemos el trabajo del malvado y el vicioso más difícil para ellos. De forma similar, a medida que removemos de nuestra constitución cualquier especie de sectarismo, a medida que nosotros mismos practicamos la fraternidad elevándonos por encima de las limitaciones de credo y religión, casta y raza, ayudamos a los sectarios y a los fanáticos a superar sus defectos y cambiar su actitud. Este principio ha sido enunciado por cada gran filósofo y reformador. Confucio dijo: “los ladrones desaparecen de un reino en el que el rey es honesto”. Esto suena muy extraño y tan poco práctico que las personas se encogen de hombros y siguen de largo, pero la base metafísica de la doctrina debe ser entendida.

Nuestros pensamientos e ideas, nuestras actitudes y opiniones son los agentes más poderosos para difundir la virtud o el vicio. Esto se reconoce, en parte: los pensamientos de un gran escritor afectan la naturaleza humana, todo el mundo admite eso, pero no todos ven la ley que opera. Hagámonos una simple pregunta: ¿de qué forma, por medio de cuál método, las ideas de un libro que estamos leyendo nos tocan, nos afectan? Un libro noble ennoblece a su lector; un libro sin valor lo degrada. Pero ¿cómo? ¿Qué es lo que pasa? Si no sabemos chino y tomáramos un libro en chino y nuestros ojos miraran sus páginas, no seríamos afectados. Solamente cuando con nuestra mente entendemos un libro—es decir, los pensamientos de su autor—sus contenidos nos afectan directamente. Esta es la ley de la atracción a través de la consustancialidad. De manera similar, las enseñanzas de la teosofía que están siendo repetidas a través de las palabras escritas o habladas, tocan e impresionan nuestra mente. Hay una conexión más íntima entre todos los estudiantes de teosofía que ellos generalmente reconocen: están unidos por algo que los afecta y toca directamente y aquello no toca y no afecta, excepto indirectamente, a todos los otros. Esto podría ser llamado la manifestación de la fraternidad en la mente. Por medio de la materia y de la mente toda la humanidad está estrechamente ligada. Todos los miembros del género humano están también ligados, de otras formas, sea por bienestar o aflicción, de buenas o malas maneras.

La naturaleza entera es de una substancia. En el reino humano no sólo nuestros cuerpos son de la misma sustancia, sino que nuestras almas son también de la misma esencia. Nuestros cuerpos son diferentes, pero de la misma sustancia; así mismo nuestras almas: diferentes, pero de la misma esencia. Sustancia y esencia o materia y espíritu, que le dan forma al hombre, son los mismos para todos, aunque en el proceso de evolución los cuerpos y las almas revestidos de esa sustancia o materia y de esa esencia o espíritu, son diferentes.

Cuando tengamos clara esa idea, muchas dificultades desaparecerán. La salud o la mala salud de nuestros cuerpos afectan la salud general de la humanidad. Del mismo modo, nuestras virtudes y nuestros vicios afectan la suma total de la moral humana. Nuestra ignorancia o iluminación afectan la mente de la raza entera. Por lo tanto, es necesario que removamos de dentro de nosotros los dos grandes enemigos de la fraternidad universal: el vicio y el sectarismo.

Cuando un individuo emprende esta tarea, se da cuenta de que contra él oscilan estos dos enemigos que están organizados y unidos entre ellos. Los ladrones y asaltantes se unen para saquear; lo inmoral se congrega en el mismo lugar: los alcohólicos alrededor del ponche, los jugadores en el salón de juegos. De igual forma, los especuladores están en el mercado de acciones, los políticos en sus fiestas y reuniones; los cristianos en sus iglesias y los judíos en sus sinagogas. Ambos, los viciosos y los sectarios, se han reunido: “Dios los cría y ellos se juntan”. Por lo tanto, aquel que desea dejar su vicio, superar su debilidad, liberarse del sectarismo, debe buscar la compañía de aquellos que, como él, están aspirando y esforzándose en practicar la fraternidad universal.

La tarea. La tarea principal es dar a conocer esta filosofía que ayuda a la gente a purificarse, a crecer en virtud, a romper los grilletes del sectarismo, a desplegar el espíritu de iluminación que hermana al mundo entero. Nadie puede elevarse sin conocimiento y aspiración, y a conocimiento y aspiración debe añadírsele la fuerza que viene de la compasión. Los pocos que son voluntarios en el ejército de la fraternidad universal reconocen completamente que ellos también tienen sus propias debilidades, sus propias limitaciones; pero apoyándose unos a otros, permaneciendo unidos mano a mano y hombro a hombro, ellos obtienen apoyo y alegría de sus colegas y coaprendices, quienes están, todos, animados por la misma filosofía inmemorial. Ellos saben que en su ser está ese espíritu de verdad y compasión que les permitirá ayudar a los indefensos, hacerse amigos de los solitarios. Ellos reconocen la verdad de la antigua enseñanza del Gita (VI, 31- 32):

Quien, reconociendo la unidad universal del Ser, ve con imparcialidad la misma esencia en todos los seres, solidarizándose con ellos tanto en lo placentero como en lo doloroso; en verdad, éste es el más grande de los yoguis.

Ellos también desean inspiración de las bendiciones de otro tipo de compañerismo espiritual. Si la mente atrae y afecta la mente, seguramente el alma desea y atrae al alma. Estudiando y practicando la filosofía de la fraternidad universal, se sienten y encarnan más y más la influencia de aquellos que son los Hermanos Mayores de la familia humana. Esas Grandes

Almas no son sacerdotes religiosos o patriarcas sectarios, son aquellos que aman a los hombres, aquellos que sienten compasión por el género humano, Instructores de quienes aspiran a la Sabiduría, Servidores de la gran Madre Naturaleza—por encima de raza, religión, por encima de las castas y credos. Su religión, su filosofía, su ciencia, están basadas en el principio de la fraternidad universal.

   

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FRATERNALMENTE, TE INVITAMOS A PARTICIPAR DE LOS ESTUDIOS TEOSÓFICOS, QUE VERSAN SOBRE LA "SABIDURÍA ANTIGUA" GUIÁNDONOS AL CONOCIMIENTO Y LA COMPRENSIÓN DEL MISTERIO QUE RODEA A LA VIDA.

REUNIONES: AGOSTO 2017.

SÁBADOS: 12, 19 Y 26.

HORA: 2:30 A 5:00  P.M. 

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